En el dolmen de Las Agulillas

miércoles, 3 de febrero de 2016

Modificaciones en los nombres de las calles de Villanueva de Córdoba

     El callejero de cualquier población guarda entre sus nombres mucha de su historia, aunque a veces el paso de los tiempos (y la ausencia de fuentes de información) nos impiden saber qué méritos o cualidades tuvieron Juan Blanco o Juan de López para que sus vecinos decidieran conocer esas calles con tales denominaciones. En otros casos parece evidente que un señor llamado Francisco Rey tuvo un horno de pan en esa calle, por lo que al comienzo fue conocida como callejón del horno de Francisco Rey, pasando por economía del lenguaje a Horno de Rey y, posteriormente, a ser llamada simplemente calle Rey. Los nombres o apellidos de personas que habitaron en ciertas calles acabaron por darle el nombre a las mismas: Viveros, Pérez, Contreras, Juan Blanco, Juan de López, Rey, Palma.
     Algunos nombres antiguos se deben a hitos topográficos, como la calle del Pozo, Cerro, Laguna del Pino, Peñascal, Piedras Altas (hoy Plaza del Carmen) o la calle Zarza, en principio Callejón a la fuente de la Zarza.
     Otros tienen su origen en las características de su trazado o de sus casas, como la calle Torcida, Empedrada, Casas Coloradas o Casas Blancas. También los hay porque en ellas tuvieron su asiento determinadas actividades, como el Callejón de la Sal (donde este producto era un monopolio vendido en una determinada tienda); la calle Cuartel, pues en ella tenía lugar la concentración de tropas; la calle Concejo, por el lugar donde se reunían los justicias y regidores de la población; la calle Tahona, por existir un horno para pan; o la calle Nieve, por haber en ella en el siglo XVIII un pozo para guardar la nieve, que entonces tenía fines medicinales.
     Hay calles que deben su nombre al ser en su origen los caminos que se dirigían a otras localidades, como Conquista, Torrecampo, Pedroche, Pozoblanco, Adamuz, Córdoba o Ventas (por iniciarse en ella el camino que iba hacia las entonces ventas de Cardeña y Azuel). 
     También existen otras cuya etiología se desconoce por completo, como Anacid, o Jetones. Sobre esta última escribía don Juan Ocaña en su Callejero de Villanueva de Córdoba (página 46): “Mucho se ha hablado y fantaseado sobre dicho nombre, sobre todo por su semejanza en la pronunciación con el ‘getto’ judío”, es decir, que para algunos sería la calle donde habrían vivido los judíos de la localidad. Pero es algo anacrónico, ilógico y absurdo, y como ya dijo el Guerra, lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Por muchos motivos, en los que merece la pena detenerse:
1.- No hay constancia alguna de presencia de personas de etnia judía en Villanueva, al contrario que en otras localidades próximas donde sí parece probable que existiesen, como escribe D. Manuel Moreno Valero. Al menos no consta ningún judaizante en los procesos de la Inquisición contra personas de la comarca, aunque eso tampoco impide que existiesen (véase información aparte).
2.- La palabra “gueto” proviene del italiano “ghetto”, y éste del veneciano “geto”, “fundición de hierro”, pues en un barrio de Venecia donde existía una fundición fue el lugar donde se les obligó a los hebreos a que tuvieran su residencia forzosa desde 1516.
3.- En España el vocablo tradicional para denominar los barrios de poblaciones judías siempre fue “judería”, palabra que aparece en el primer diccionario de la lengua española editado por la Real Academia Española, el Diccionario de Autoridades, de 1726-1739.
4.- La palabra “gueto” se hizo muy tristemente famosa tras la Segunda Guerra Mundial y la política de extermino racial de la Alemania nazi. Hasta entonces, era un vocablo desconocido en España, por lo que difícilmente puede tener relación con el nombre de una calle de 1771.
     Así que no debe tener ninguna consideración la relación del nombre de la calle Jetones con lugar de residencia de unos judíos muy probablemente inexistentes. Más acertada parece la opinión de don Juan Ocaña, para el que derivaba del vocablo castellano “jetar”, en el sentido de desleír algo en un líquido, y de alguna actividad que se realizara en dicha calle relacionada con esta acepción.
     Gracias sobre todo a los archivos parroquiales, en concreto a los padrones parroquiales que se en parte se han conservado, podemos conocer las dimensiones de Villanueva y los nombres de sus calles desde el siglo XVII. Puede comprobarse que muchos de aquellos nombres se han mantenido hasta hoy (Cerro, Parralejo, Casas Blancas, Concejo…), y aunque en otros casos sus hombres oficiales se han cambiado, el pueblo las sigue conociendo como calle Alta o Empedrada, Pérez o Cepas (Hermanos Martos, Canalejas, María Cristina y Manuel Ayllón, respectivamente). En el mapa de abajo puede verse cómo era Villanueva en 1771, con los nombres que las calles que tenían entonces:


     (En el plano se aprecian diferencias con respecto al actual: la calle del Olivo no aparece, pues se abrió a comienzos del siglo XX; la cruz de piedra conocida como "Cruz Chiquita", actualmente pegada a la pared de la esquina de calles Moreno de Pedrajas, Atahona y Ramón y Cajal, se encontraba entonces en la parte más elevada de la calle Moreno de Pedrajas, inmediata al entonces camino.)
   Cuando a mediados del siglo XIX Villanueva comienza a expandirse con su particular ensanche, especialmente al suroeste, van apareciendo nuevas calles que es necesario nominar, y en los nuevos nombres se aprecian claramente las distintas ideologías de los regidores locales de cada momento: cuando están en el gobierno los liberales los nombres impuestos a las nuevas calles parecen sacados del optimismo de la Ilustración: Progreso, Fomento, Liceo, Libertad, Independencia, Industria. Cuando les tocaba gobernar a los conservadores, dominaba la componenda religiosa: en 1904 se abría una nueva calle que partía de la unión de las actuales Córdoba y María Jesús Herruzo hasta el ejido del Calvario, y se decidió darle el nombre del santo del alcalde del momento, Cayetano Martos Herruzo, pasando pues a llamarse San Cayetano. Al año siguiente, se habría otra nueva calle que también partía de la actual Córdoba hasta el Calvario, y se le dio el nombre del santo del alcalde de ese año, Martín Sánchez y Sánchez: calle San Martín. El ejemplo prosiguió con otras calles como San Fernando o San Bernardo.
     Hubo momentos en los que los ediles decidieron adaptar el nombre del callejero a los acontecimientos de la historia nacional, cambiando los nombres tradicionales por otros como sucesos importantes o personajes históricos. El 04-04-1864 el Ayuntamiento de Villanueva de Córdoba, con la presidencia de Bartolomé Torrico Sánchez, cambió en una sesión, especialmente patriótica, el nombre de varias calles como consecuencia de las campañas militares que se habían desarrollado en ese tiempo por el norte de África: la antigua calle del Cuartel (hoy Córdoba) pasó a llamarse Tetuán, y el callejón Torcío se denominó calle Castillejos, en homenaje a las dos batallas ganadas a los marroquíes en las guerras de África, en las que destacó el general Prim. (Por esta misma razón en muchas ciudades de España abundan estos nombre de Castillejos y Tetuán, que también corresponden a la misma época; los dos leones de bronce que flanquean las puertas del Congreso de los Diputados en Madrid se fabricaron fundiendo los cañones de bronce que se habían capturado a los moros en esas campañas). Debe rechazarse por espuria la hipótesis que lanzó cierto nativo indocumentado de que el nombre de Castillejos se debe a que en ese lugar existió alguna fortificación de la Edad Media. Pues no, por sus méritos en la batalla de los Castillejos al general Juan Prim se le otorgó el título de Marqués de los Castillejos y Grande de España. En esta misma sesión municipal de 1864 la calle Jetones pasó a llamarse Lepanto; la calle de las Coloradas, Bailén; el callejón de Pata Palo, Quevedo; y el callejón de la Coba, Cervantes. Sesión épica y lírica, con los nombres de cuatro batallas y dos grandes escritores.
     Otra tanda de cambios se produjo en 1895, cuando las calles del Torno y del Pozo pasaron a llamarse Antonio Barroso y Santos Isasa, respectivamente, nombre de dos políticos nacionales representantes de la circunscripción a la que pertenecía Villanueva.
     Por estas mismas fechas los regidores municipales variaron su parecer en cuanto a los nombres de alguna calle: si en 1894 la calle Padre Cantador (actual Padre Llorente) era rotulada como Espronceda, en 1896 le cambiaban el nombre por el que hoy conserva de Padre Llorente, en honor del padre Antonio Llorente Santos, por su labor realizada en las Santas Misiones celebradas ese año.
     También en 1896 se le cambiaba el nombre a una calle de reciente apertura entonces, pasando de llamarse Córdoba a Moreno de Pedrajas, por el sacerdote y filántropo jarote fundador el Hospital de Jesús Nazareno. Sin duda que don Bernardo Moreno de Pedrajas se merecía al menos este reconocimiento.
     Hay algún nombre de calle de la que, aunque sea relativamente actual, se desconoce el motivo de su elección: es el caso de la calle Génova, llamada así a partir de la decisión municipal de 1910, y que daba el mismo nombre a tres callejones consecutivos que habían tenido un nombre distinto hasta entonces: Callejón de la Sal, Carmona y Callejón de los Buñoleros.
     En 1912 se decidía volver a cambiar el nombre de algunas calles: el callejón de la Porra, de ambiguo nombre, pasaba a llamarse Reina (hoy María Jesús Herruzo); la calle Empedrada, Canalejas, en honor del político José Canalejas, asesinado ese mismo año.
     El Ayuntamiento honraba en 1930 a quien fuera su Secretario, y también iniciador de la Historia de Villanueva, don Juan Ocaña Prados, quien aunque hubiera nacido en Móstoles se convirtió en un auténtico jarote. La calle donde había habitado, Dehesillas ("Jesillas" para los del barrio) tomó su nombre en el año citado, tras haber fallecido don Juan Ocaña en el número cuatro de esa calle el 12-04- 1928.
     Los cambios más numerosos en la nomenclatura del callejero de Villanueva de Córdoba se produjeron con la II República. Con su advenimiento modificaron sus nombres especialmente algunas calles que lo tenían vinculado con la religión: Amargura, Cruz de Piedra, San Miguel...; o con la monarquía: Reina, María Cristina, Real, e incluso la calle Rey, que como hemos comentado nada tiene que ver con la realeza, sino porque en tiempos antiguos tuvo aquí su horno de pan Francisco Rey. También si algún político republicano caía en desgracia se le retiraba el honor de rotular una calle: así, el primer Presidente de la II República, Niceto Alcalá Zamora, que en 1931 había dado nombre a la calle Herradores, dejó de merecer tal honor en 1936, pasando a llamarse la calle Joaquín de Grado hasta 1939.
     Entre los nuevos nombres dados a las calles por las corporaciones municipales durante la II República (labor en la que se mostraron especialmente pródigos) estaban:

* Juanita Rico (Calle Nueva), por una miliciana muerta en Madrid en septiembre de 1936;
* Luis de Tapia, 1871-1937 (calle Olivo), periodista madrileño, considerado el poeta satírico de la II República;
* Joaquín de Grado (calle Herradores), jefe del radio Comunista de Cuatro Caminos, Madrid, muerto en 1934;
* Nicolás Salmerón (calle Amargura), Presidente del Ejecutivo en la I República Española en 1873;
* Antonio García Quejido, 1856-1927, (calle Cruz de Piedra), sindicalista y político socialista primero y comunista después;
* Jaén Morente, 1879-1964, (calle Cerro) historiador cordobés, diputado por Izquierda Republicana en 1936;
* Capitán Galán (calle del Pozo), militar republicano que participó en la Sublevación de Jaca de 12-12-1930, siendo fusilado por ello;
* García Hernández (calle María Cristina) otro militar que participó en los mismos hechos que el capitán Galán.
* Mártires de Jaca (calle Rey), con lo que los dos protagonistas de los sucesos de Jaca tuvieron merecimiento a título particular y conjunto;
* Virginia González, 1873-1923, (calle Juan Blanco), dirigente obrera y feminista, cofundadora del PCE;
* Jaime Vera, 1859-1918, (calle Padre Llorente) político socialista;
* Pablo Iglesias, 1850-1925, (calle Real) fundador del PSOE;
* Naker (calle San Patricio), médico que acogió a Mateo Morral tras haber arrojado una bomba a Alfonso XIII el día de su matrimonio con Victoria Eugenia el 13-05-1906;
* Catorce de Abril [de 1931], (calle Todos los Mártires) fecha de la proclamación de la II República.

     Tras la guerra civil, estas calles con nombres modificados durante la II República volvían a cambiar su nombre, retomando los tradicionales o adquiriendo otros nuevos, especialmente el de personas que se habían destacado en la contienda o colaborado en la creación de nuevo régimen:

* Plaza del Generalísimo, Franco, obviamente (Plaza de España);
* José Antonio [Primo de Rivera, 1903-1936] (calle Real), fundador de Falange Española y ejecutado el 20-11-1936 en Alicante;
* Calvo Sotelo (calle Plazarejo), político asesinado el 13-07-1936, y considerado en el periodo de Franco como “Protomártir de la Cruzada”;
* General Sanjurjo (calle del Pozo), protagonista de un intento de golpe de estado contra la República en 1934 (la Sanjurjada);
* Queipo de Llano (calle Herradores), general al mando del ejército de Andalucía durante la guerra civil;
* Plaza del General Mola, 1887-1937, (Plaza de la Fuente Vieja), conocido como “El Director” en la sublevación militar de 1936;
* Dieciocho de Julio [de 1936], fecha del Alzamiento Nacional y origen de la guerra civil.

     En 1969 se producía otro cambio de denominación en algunas calles: la antigua Alta (cuyo nombre proviene de su topografía) pasaba a llamarse Hermanos Martos, en honor de unos hermanos bienintencionados que vivieron en ella y que donaron sus bienes para la creación de un centro de enseñanza; se le daba el nombre de Dolores Herruzo (quien a sus expensas había construido el convento y colegio de Cristo Rey) al antiguo Callejón de la Cuesta; la calle Reina pasaba a llamarse María Jesús Herruzo, fundadora de la congregación de Las Obreras del Sagrado Corazón de Jesús; por último, la Travesía de Cañuelo se denominó Doctor Luna, en homenaje a un eminente cirujano nacido en Villanueva.
     La última gran modificación nombres en el callejero tuvo lugar el 13-11-1980, cuando el Ayuntamiento del momento emprendió una auténtica labor de transición, en tiempo y forma adecuados, eliminando del nomenclátor urbano todos aquellos nombres relacionados con el anterior régimen, y dándoles, con gran sentido común, el nombre tradicional que se había mantenido entre la gente del pueblo. Así, la antigua calle del Pozo del Brocal, luego Santos Isasa, después Capitán Galán, más tarde General Sanjurjo, volvía a denominarse, ¡por fin!, con el nombre con que había sido conocida desde siempre: calle del Pozo.
     Ésta es una de las calles que más nombres ha tenido. Las otras son:
* Herradores (Alcalá Zamora, Joaquín de Grado, Queipo de Llano);
* María Jesús Herruzo (Callejón de la Porra, Concepción Arenal, Reina);
* Padre Llorente (Padre Cantador, Espronceda, Jaime Vera);
* Plaza de España (Plaza de la Constitución, Plaza de la República, Plaza del Generalísimo);
* Plaza de la Fuente Vieja (Plaza de las Escuelas, Jaime Costa, Plaza del General Mola).

     En el siguiente cuadro se muestran las distintas denominaciones que tuvieron las calles que modificaron su nombre en Villanueva de Córdoba: