En el dolmen de Las Agulillas

jueves, 24 de marzo de 2016

Objetos del norte de Córdoba (siglos V-VII) en museos madrileños: inventario de los publicados.

     Enrique Gutiérrez Cuenca (uno de los responsables del blog Proyecto Mauranus, imprescindible para conocer de la arqueología cántabra) se ha interesado por el posible catálogo de la exposición Iter ab Corduba Toletum (El camino de Córdoba a Toledo ), que hasta el 15 de mayo muestra en el Museo Arqueológico de Córdoba piezas procedentes del NE de Córdoba de la etapa hispanogoda.
     No sé si se publicará un catálogo sobre ella, aunque la idea es muy buena, así que aunque se editara en papel, ¿por qué no hacer un catálogo al que se pueda acceder libremente desde Internet?
     Mientras se plantea si es posible tal opción sí podemos ofrecer el inventario de piezas procedentes de los Pedroches de la etapa de la Hispania Tardía (siglos V-VII) depositadas en museos madrileños y que han sido publicadas. Doce de estos trece objetos pertenecen a la Colección Aulló del Museo Arqueológico Nacional de Madrid. (Recordemos: Ángel Riesgo Ordóñez, auxiliar de montes -equiparable a ingeniero técnico agrónomo- pero con gran afición a la arqueología, realizó una serie de excavaciones -con el necesario permiso de la autoridad competente- en el noreste de Córdoba entre 1921-1935. Los objetos que encontró se desglosaron en dos colecciones: la colección Riesgo del Museo de Córdoba y la colección Aulló del de Madrid. En la exposición Iter ab Corduba Toletum del museo cordobés se muestran solo piezas de la colección Riesgo.) La decimotercera pieza, la patena litúrgica, no procede de las excavaciones de Ángel Riesgo ni pertenece, por tanto, a la Colección Aulló, aunque por ser una pieza relevante de los Pedroches debe incluirse en esta relación.
     Debe aclararse que no todas las piezas de la Colección Aullo, hoy en Madrid, fueron descritas en el artículo de Ana María Vicent que se cita al final, pues una enfermedad impidió a la autora completar el inventario (en concreto, quedaron por definir al menos otra docena de objetos de barro, diez de ellos, jarros, y los otros dos con otras formas).


OBJETOS PROCEDENTES DE LOS PEDROCHES (SIGLOS V-VII) EN MUSEOS DE MADRID, y que han sido publicados.



1 * Jarro de barro.

Nº inventario del Museo Arqueológico Nacional de Madrid (MAN): 39281.
Lugar de aparición: Venta los Locos (Cardeña). En una sepultura aislada.
Descripción de Ángel Riesgo: “Cerámica tosca, seca al sol o al fuego sin tornear, color ocre; con asa lisa; sin dibujo; boca con vertedera. Finca de Miguel Muñoz. Obsequiado y en poder de Manuel Aulló.”
Descripción de Ana María Vicent: “En su forma se aparta un poco de los jarros corrientes. Presenta una boca muy ancha, casi trilobulada, con reborde saliente alrededor y una ligera depresión avanzada (no un pico) que sirve de vertedor. Asa, vertical proporcionalmente corta, desde el labio hasta la parte más alta de la panza, decorada en su lomo con una serie de ligeras impresiones. Base plana. Pasta de color ocre claro, con inclusión de arenillas. Engobillo de color variado según zonas: ocre pardo y verde gamuza. Buen estado de conservación. Alt.: 21 cm; anch. Máx.: 17,5 cm; diámetro base: 115 cm; anch. boca: 10,5 cm.

2 * Jarro de barro

Nº inventario MAN: 39283.
Lugar de aparición: Venta los Locos (Cardeña). En una sepultura aislada.
Descripción de Ángel Riesgo: “De arcilla muy tosca, sin cernir, rojiza, seca al sol. Cuello estrecho, con asa que arranca de la boca, trebolada. Panza esférica, sin dibujo. En poder de don Manuel Aulló”.
Descripción de Ana María Vicent:

3 * Arete o zarcillo

Nº inventario MAN: 39480
Lugar de aparición: Venta los Locos (Cardeña). En la 1ª de un grupo de cuatro sepulturas. (Sepultura de inhumación múltiple.)
Descripción de Ángel Riesgo: “Nº 1 (M. Aulló) un arte o zarcillo de cobre muy ordinario, como un trozo de alambre, bajo la cabeza de la hembra”.
Descripción de Ana María Vicent: “Zarcillo de oreja o arete nº 1 de Riesgo. Col. Aulló. Cobre o bronce, forma circular con un extremo muy delgado y en punta para entrar en el otro extremo y cerrar el aro. Diám.: 3,80-3,76 cm; gr. máx.: 0,28 cm”.

4 * Plato de cristal

Nº inventario MAN: 39370.
Lugar de aparición: Venta los Locos (Cardeña). En la primera de un grupo de cuatro sepulturas. (Sepultura de inhumación múltiple.)
Descripción de Ángel Riesgo: “Plato de cristal nº 1, finísimo, color verdoso. Obsequiado a don Manuel Aulló”.
Descripción de Ana María Vicent: “Forma troncocónica invertida, labio ligeramente reentrante y engrosado a fuego, base muy poco levantada en su centro, con restos de puntal roto no salientes. Vidrio de color verde claro con escasas vacuolas. Hallado completo llegó roto al MAN recompuesto. Falta ahora algún fragmento de pared. Pertenece a una serie de platos cuyos mejores ejemplares se han hallado en los Pedroches (vid. más adelante), posiblemente s. VI-VII d. C.”

5 * Cuenco de barro cocido

Nº inventario MAN: 39282
Lugar de aparición: Venta los Locos (Cardeña). En la segunda de un grupo de cuatro sepulturas.
Descripción de Ángel Riesgo: “Cacerola Nº 5ªA, forma de cacerola tipo Nº 25 de Aguilillas, fº 85, que obsequié a don Vicente Bru, Ingeniero de Montes”.
Descripción de Ana María Vicent: “Cuerpo globular aplanado, de proporción baja, sobre base plana; boca exvasada con labio saliente en cinta casi vertical al exterior. El hombro se decora con una sucesión horizontal de improntas aisladas más o menos ovoidales rellenas con cinco líneas paralelas en relieve. Pasta de color claro con abundante arenilla de granos bastante pequeños, muchos de ellos blanquecinos y otros oscuros y también con cristalitos brillantes; fractura con aspecto de galleta roída. Superficie cubierta por un engobe de la misma pasta, alisado no muy regular, de color ocre, pardo o verde, según zonas; por el interior lleva el labio engobe alisado y menos alisado en la pared; en el fondo presenta la superficie áspera. Conservación buena menos en el labio que tiene varias roturas. Alt.: 8,5-8,6 cm.; diám. boca: 17,2 cm; diám. máx. 15,8 cm a la alt. de 5,3 cm; diám. base: 11 cm; gr. medio pared: 0,6 cm; gr. fondo: 1,2 cm”.

6 * Jarro de barro 

Nº inventario MAN: 39280.
Lugar de aparición: Loma de la Alcarria (Villanueva de Córdoba). En la primera de un grupo de tres sepulturas “correspondientes a un villar inmediato”.
Descripción de Ángel Riesgo: “De arcilla sin cocer, muy tosco, con asa que arranca de la boca. Boca con vertedera, sin dibujos de ninguna naturaleza. Obsequiado a don Manuel Aulló”.
Descripción de Ana María Vicent: “Cuello ovoidal de proporción baja y base plana; cuello ancho con boca ligeramente trilobulada con labios algo rotos; asa vertical de boca a hombro. Pasta de color pardo claro verdoso y gamuza, con abundantes arenillas de cuarzo blanco, y otras de facetas cristalinas algo oscuras. Superficie exterior alisada y suave en los sectores donde se conserva el engobillo y áspera como lija donde se ha perdida. Factura con irregularidades. Buena conservación. Alt.: 21,5 cm; diám. base: 9,5 cm; diám. máx.; 15,8; diám. cuello: 8,4 cm”.

7 * Olla de barro cocido

Nº inventario MAN: 39285.
Lugar de aparición: Loma de la Higuera (Montoro). En una sepultura de un grupo de dos.
Descripción de Ángel Riesgo: “Arcilla negra, con adornos en zigzag, próximo a la boca y paralelo a ésta. Mide 10 cm de altura por 9 cm de diámetro. Hállase en poder de don Manuel Aulló”.
Descripción de Ana María Vicent: “Ollita de barro cocido, Riesgo 8 Col. Aulló MAN… hallada en la T. 7. Cuerpo globular ligeramente achatado, sobre base plana, y cuello algo estrangulado con labio vuelto al exterior. Decorada en el hombro por un zig-zag continuo de ángulos muy agudos. Pasta de color oscuro y pardo, con abundantes arenillas. Superficie exterior con engobillo, algo irregular y áspera, de color pardo oscuro y casi negro en algunas zonas. Conservación buena, salvo en la panza con una perforación producida quizá por un golpe de piqueta. Alt. 10 cm; diám. base: 9 cm; diám. boca: 10,5 cm; diám. máx.: 12,2 cm; gro.; 0,5 cm”.

8 * Jarro de barro

Nº inventario MAN: 39367.
Lugar de aparición: Loma de la Higuera (Montoro). En una sepultura de un grupo de dos; en esta misma sepultura había un plato de vidrio (nº 9 de este catálogo).
Descripción de Ángel Riesgo: “De 18 cm altura, arcilla rojiza, con cuello estrecho, boca trebolada, asa con incisiones. Que posee don Manuel Aulló”.
Descripción de Ana María Vicent: “Cuerpo globular de panza ancha y hombro bastante alto; base plana; cuello de sección horizontal ovalada con boca trilobulada; asa vertical algo curvada, de labio a hombro, decorada en su zona superior con una serie regular de incisiones. El hombro del jarro se decora con un zig-zag continuo formado por una cinta de cuatro líneas paralelas que rodea también el arranque del asa. Pasta rojiza y compacta con arenillas. Superficie de engobe alisado, en parte perdido, de color ocre rojizo con zonas grises. Buen estado de conservación; pequeñas roturas en la boca. Alt: 18, 9 cm; diám. base: 11,5 cm; diám. máx: 15,8 cm; ejes boca: 6,8 x 3,7 cm”.

9 * Plato de cristal

Nº inventario MAN: 39369.
Lugar de aparición: Loma de la Higuera (Montoro). En la 2ª de un grupo de dos sepulturas; en esta misma sepultura había jarro de barro (nº 8 de este catálogo).
Descripción de Ángel Riesgo: “Plato de cristal que posee don Manuel Aulló.”
Descripción de Ana María Vicent: “Cuerpo troncocónico invertido; labio engrosado y curvado con concavidad hacia el interior; fondo realzado hacia el centro con resto de pontil. Color verde pálido; pocas y pequeñas vacuolas. Hallado íntegro, ingresó roto en el Museo, faltando algún pequeño fragmento. Recompuesto parcialmente en el Centro Nacional del Vidrio, donde se realizó un análisis químico de un fragmento aislado de seta pieza. Queda suelto un trozo de borde. Alt.: 3,7-4,2 cm; diám. borde: 18,5 cm; diám. base: 6,5 cm; gr. pared: 0,07-0,13 cm”.

10 * Cuenco de barro

Nº inventario MAN: 39368
Lugar de aparición: Loma de la Higuera (Montoro). En el interior de una sepultura de un grupo de tres.
Descripción de Ángel Riesgo: “Plato o escudilla. Nº 28. Arcilla rojiza, de 6,5 cm altura por 20,5 cm diámetro. En poder de don Manuel Aulló”.
Descripción de Ana María Vicent: “Cuerpo de proporción bajo y ancho con base plana, de forma troncocónica invertida, carena a media altura, y la zona superior como un cuello algo cóncavo en su centro. Pasta ocre-rojiza, con muchas arenillas. Superficie alisada con engobillo, en parte perdido, del color de la pasta. Buen estado de conservación, con un pequeño roto en el borde”.


11 * Lucerna tardoantigua

Nº inventario MAN: antiguo 39.380, moderno, 1988/54/3
Lugar de aparición: Loma de la Higuera (Montoro).
Tipología: Hayes IB.
Cronología: ss. IV-VI d.C.
Descripción de Ángel Riesgo: “Ladera frente a Valpeñoso, exposición NE, hallé, en una especie de era o suelo empedrado, un candil tipo romano. Véase Boletín Junta E. y E. Nº general. 71, Nº 1 de 1924-25, lámina X”.
Descripción de Iwona Modrzewska: “11.- Hayes IB. Núm. Inv. antiguo 39.380, moderno, 1988/54/3. Probablemente de la colección Aulló, procedente de Villaricos (prov. Almería) ¿?
L.: 11 cm, diám.: 7,5 cm.
Barro fino, rojo, sin engobe.
Paralelos: esta pieza no tiene paralelos cercanos. Sin embargo parece lógico incluirla en la misma variante que la de núms. 9, 10, 12, 13 decoradas con rosetas. La pieza valorada aquí se distingue por un rasgo particular: sus hombros están rodeados por la arista del alto depósito, análogo en su forma a las lucernas de tipo llamado siciliano”.

Nota: I. Modrzewska consideró que provenía de Villaricos, Almería. Pero disponemos de una fotografía de la pieza de 1925 en el artículo de Manuel Aulló, lo que junto a lo anotado por Riesgo en sus cuadernos de campo disipa cualquier duda sobre su procedencia: Loma de la Higuera, Montoro (Córdoba).

(Aulló, 1925.)

12* Inscripción funeraria de Ilderico


Nº inventario MAN: 62292.
Lugar de aparición: Alto de los Barreros (Villanueva de Córdoba).
Datación: 26 junio 665.
Material: mármol.
Descripción de Ángel Riesgo: “Necrópolis Alto de los Barreros. Villanueva De Córdoba. Entre las necrópolis del Valle figura ésta situada en el cerro del Alto de los Barreros, al NW de Villanueva a 1,5 km de ella en finca de don Francisco Cano, del que se obtuvieron: una lápida de Ilpericus por mí recogida…”.
Corpus de inscripciones latinas: CIL II2/7, 780.
Texto:
ILDERICVS FAMVLVS PXI VIXIT
ANNOS PLVS MINVS L RECES
SIT IN PACE SVB DIE SEXTO KLD
IVLIAS ER DCCIII TERTIA
Trascripción:
Ildericus famulus PX(Christ)i vixit / annos plus minus L reces/sit in pace sub die sexto K(a)l(en)d(as) / Iulias (a)er(a) DCCIII {TERTIA}
Ficha de la base de datos epigráfica de la Universidad de Heildelberg:  en este enlace.


Nota: sobre esta inscripción se han escrito diversos orígenes, que anotó A. U. Stylow; sigo el que dice Ángel Riesgo que es, a fin de cuentas, quien obtuvo la inscripción (aunque posteriormente fuese a parar a Manuel Aulló). A finales del siglo XIX apareció en el Alto de los Barreros (a unos seiscientos metros al SW de la Cooperativa Olivarera de Villanueva de Córdoba) esta inscripción en mármol blanco. Fue llevaba al domicilio de don Pedro Benito Moreno, y ahí la vio Ángel Riesgo, quien la recogió. Con otros objetos de los encontrados por Riesgo, la inscripción pasó a Manuel Aulló, y de él, al Museo Arqueológico Nacional de Madrid.
Ilderico es un nombre genuino germano: proviene de "Hild", combate, y "Rik", jefe o caudillo, por lo que significa "El que es caudillo en el combate". También se llamaron así el penúltimo rey vándalo del norte de África y el conde visigodo de Nimes que se rebeló contra el rey Wamba en el año 673. Es el único nombre de etimología germana conocido en el noreste de Córdoba.
Junto a esta lápida apareció otra de similar época, conservada en el Museo Arqueológico de Córdoba.

 (Aulló, 1925.)





13 * Patena litúrgica
 (http://www3.uah.es/imagines_cilii/CILII/cordubensis4.htm)

Lugar de aparición: Majadalaiglesia, El Guijo (Córdoba).
Datación: 671-730 d.C.
Material: bronce.
Descripción de Pedro de Palol: “4.- Patena muy afín a la anterior, pero conserva el mango largo, que han perdido las dos piezas citadas [anteriormente]. Tiene pie cilíndrico, en forma de anillo soldado a la parte inferior del plato, como es característico de todas las patenas hispánicas de ese momento. Está decorada con un motivo central muy parecido a la patena anterior: un botón con agujero pequeño en el centro sin flor, con decoración de radios arqueados; y una zona circular alrededor del mismo, limitada por un cordón de puntos incisos, franja que tiene casetones separados por doble línea incisa paralela y una estilización geométrica o floral en cada uno de ellos, lo cual hemos visto también en los vasos citados de León y del Museo Británico. El borde del plato presenta decoración muy clásica de ovas, pero solamente señaladas por líneas incisas, a la vez que la parte interna del mismo limita con un cordón de fino sogueado. Tiene asa de sección semicircular hueca terminada en una especie de estilización animal y está sujeta al plato mediante un ensanchamiento en forma de tres hojas estilizadas. Por el reverso lleva inscrita la palabra VITA (Lám. XLVI).
Mide 20.3 cm. diámetro borde; 33 cm. longitud total con el mango; 4,2 cm. altura y 9,4 cm. diámetro base.
Procede de Guijo de los Pedroches, Belalcázar, Córdoba.
Instituto Valencia de D. Juan. Madrid”.

Corpus de inscripciones latinas: CIL II2/7, 765.
Ficha de la base de datos epigráfica de la Universidad de Heildelberg: en este enlace.
Nota: La pieza fue descubierta por el erudito natural de Belalcázar don Ángel Delgado, corresponsal en el norte de Córdoba del insigne epigrafista Fidel Fita. Le hizo llegar a éste unas fotografías, a partir de las cuales el padre Fita la dio a conocer en 1913; al no haberla visto personalmente, creyó que era de terra sigillata.
Posteriormente, Pedro de Palol localizó la patena en el Instituto Valencia de Don Juan de Madrid, a donde no sabemos cómo llegó.


(Fita, 1913.)




Referencias y créditos de las fotografías:

Objetos cerámicos, de vidrio y adorno de la Colección Aulló del Museo Arqueológico Nacional de Madrid (nos 1-10): Ana María Vicent Zaragoza (1999), “Sepulturas postromanas preislámicas de los Pedroches (Córdoba) con ajuares conservados en el Museo Arqueológico Nacional”, Boletín del Museo Arqueológico Nacional, Tomo 17, Nº 1-2, 1999, págs. 115-130. Fotografías de los objetos 1-10 en esta misma publicación.

Lucerna tardoantigua (nº 11): Iwona Modrzewska (1998): "Lucernas tardoantiguas en la colección del MAN", Boletín del Museo Arqueológico Nacional 6, pp. 23-58. Fotografía de la lucerna, nº11, en esta misma publicación.

Inscripción de Ilderico (nº 12): Armin U. Stylow (1986): “Beiträge zur lateinischen Epigraphik im Norden der Provinz Córdoba. I. Solia”, Madrider Mitteilungen 27, pp. 235-277.

Patena litúrgica (nº 13):
Fidel Fita (1913): "Notas epigráficas. El Guijo, Belalcázar y Capilla. Nuevas inscripciones romanas", Boletín de la Real Academia de la Historia, XLI, pp. 221-233. Fotografía nº 13 bis.
Pedro de Palol Salellas, (1950): Bronces hispanovisigodos de origen mediterráneo. I Jarritos y patenas litúrgicos, Barcelona, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Prehistoria Mediterránea. Fotografía nº 13.

Fotografías adicionales de la lucerna (nº 11) y de la inscripción (nº 12): Manuel Aulló Costilla (1925): "Excavaciones arqueológicas en diversos yacimientos sitos en las provincias de Segovia y Córdoba", Memoria de la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades 71, nº 1 de 1924-1925, Madrid.
 

Exposición sobre el noreste de Córdoba durante la Hispania Tardía (siglos V-VII)


     Hasta el día 15 de mayo se muestra en el Museo Arqueológico de Córdoba la exposición "Iter ab Corduba Toletum" en el que se muestran objetos del norte de Córdoba correspondientes a la etapa de la Hispania Tardía, de los siglos V-VII. (Prefiero este nombre al de "Hispania visigoda", porque con tal denominación se indica que fueron los godos las elites que dominaron Hispania, pero hasta finales del siglo V, del que hay objetos en esta exposición, los visigodos no estaban aún asentados en la Península. Siendo autocrítico, también esta diferenciación parece un tanto tiquismiquis...)
     La exposición demuestra la importancia que tuvo el norte de Córdoba en el tiempo que discurre entre el fin de Roma y los inicios de al-Andalus: el título refleja que por la comarca discurrían los principales caminos que unían estas ciudades. Como se expone desde la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, "la idea central sobre la que gira la exposición Iter ab Corduba Toletum  en el Aula Didáctica del Museo Arqueológico de Córdoba es que el norte de la actual provincia de Córdoba no fue en época visigoda un espacio aislado y lejano sino, al contrario, una zona de paso bien conectada con dos de los centros urbanos más destacados: Córdoba y Toledo". A este periodo en el norte de Córdoba se le han dedicado en este blog cuarenta y cuatro artículos.
     El museo cordobés lleva tiempo en obras, con un espacio para la exposición muy limitado; resulta meritorio que se haya podido habilitar una sala especial como aula didáctica, bien deferenciada del resto de objetos del museo para que no haya confusiones.
     La exposición cuenta con varias vitrinas donde se exponen las piezas:




     Además, cuenta con unos paneles informativos en los que se introduce en elementos de la época, como las creencias o la economía:


     Igualmente, se ofrecen recreaciones de cómo pudo ser el atuendo de un guerrero de esos tiempos, con el broche de cinturón de grifos afrontados que se expone en las vitrinas:


     Los objetos que se exponen tienen diversos orígenes:

* Colección Riesgo: Ángel Riesgo Ordóñez fue un auxiliar de montes (equiparable a un ingeniero técnico agrícola actual, digamos) y gran aficionado a la arqueología, que entre 1921-1935 realizó numerosas excavaciones en el noreste de Córdoba, descubriendo casi tres centenares de sepulturas de los siglos V al VII (creo que sobrepasan este límite hasta entrado el VIII, pero eso es otra cuestión). Riesgo sería aficionado, no profesional de la arqueología, pero no expoliador, dado que estaba avalado por la autoridad competente, la Junta Superior de Excavaciones Arqueológicas. Los objetos que obtuvo, básicamente de las sepulturas, se desglosaron en dos: la colección Aulló (por el ingeniero jefe de Riesgo, Manuel Aulló Costilla), hoy en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid; y la colección Riesgo, en el museo cordobés. Esta colección comprende prácticamente cuatro quintas partes de las piezas de Riesgo, y cuantitativamente es importante, con más de setenta objetos cerámicos (sobre todo jarros, pero también urnas, escudillas y platos), y, cualitativamente, con las dos decenas de platitos de vidrio, que son prácticamente únicos en la península por su número.

* Basílica del Germo (Espiel, Córdoba):  Excavada en el siglo pasado por el insigne arqueólogo Thilo Ulbert, del Instituto Arqueológico Alemán de Madrid, el lugar consta de dos edificios: uno cuya funcionalidad no se conoce por completo; y una iglesia, asociada a la cual hay una necrópolis de inhumación, en la cual se hallaron varias inscripciones. Se data en el siglo VII.

* Otros objetos del Museo Arqueológico de Córdoba: Y que no pertenecen a la colección Riesgo o provenientes del Germo. Se trata de un jarro de barro y un plato de vidrio encontrados en el interior de una tumba de Obejo; y un vaso de vidrio carenado, con botón terminal, hayado en el término de Adamuz.

* Museo PRASA de Torrecampo (Córdoba): D. Esteban Márquez Triguero, ingeniero de minas de formación y muy aficionado a la historia, dedicó gran parte de sus conocimientos, tiempo e inclusos recursos propios, para hacer un museo en su localidad natal, Torrecampo. Nacía así en 1969 la "Casa-Museo Posada del Moro", que acogía una importante colección de objetos arqueológicos. Los elevadísimos gastos de mantenimiento propiciaron que el Grupo PRASA (cuyo fundador había nacido igualmente en Torrecampo) adquiriese el museo y la colección, con el laudable objetivo de preservarla y evitar su desmembramiento. Su director es D. Juan Bautista Carpio Dueñas, doctor en Historia 

*La Losilla (Añora, Córdoba): El lugar, que parecía una necrópolis, era conocido por los estudiosos al menos desde la década de los años ochenta del pasado siglo, comenzando a excavarse a finales del mismo. Ante la aparición de unos restos prometedores, que parecían ser de una iglesia, se abandonaron los trabajos a la espera de una mejor ocasión, que se produjo cuando el Instituto Arqueológico Alemán de Madrid comenzó a patrocinar hace un par de año los trabajos, estando previsto que se mantengan durante unos cuantos. Con tan poco tiempo de trabajo, y habiendo tenido primero que dedicarse a la limpieza, apenas si ha dado tiempo para excavar, y hay pocos objetos de la Losilla en la exposición.

     Merece la pena ir a verla, pues, en general, el pasado del norte de la provincia cordobesa es el menos conocido, pero no por ello escaso de interés, como demuestra la exposición.

viernes, 11 de marzo de 2016

Objetos de los Pedroches de época de al-Andalus en los museos arqueológicos de Córdoba y Madrid

     La cora Fash al-Ballut es el nombre de una provincia de al-Andalus en la que estaba la actual comarca de los Pedroches. Además de ella se incluían en la cora el valle del Guadiato (también de Córdoba), la zona de Cabeza del Buey (Badajoz) y la comarca de Almadén y el Valle de Alcudia (Ciudad Real).
     Sobre los límites de la cora de Fash al-Ballut escribe el arabista cordobés Antonio Arjona Castro (2003, 214-215): “El término Fash puede traducirse bien por llano o por campo. El Campo de las Encinas comprendía todo el sector de las aldeas de Fuente Obejuna hasta Pedroche… Por el norte comprendía los actuales términos de Chillón y Almadén situados en el Yabal al-Baranis con sus criaderos mercuriales denominados Shillum (la antigua Sisapone), montañas que se corresponden a la llamada Sierra de Almadén o Chillón. Después continuaba hacia la actual Cabeza del Buey, que es la población que al-Razi señala en el Fash al-Ballut como Luca… Después de esta entrada o cuerno se mete el Fash al-Ballut en la zona de Alcudia y Badajoz, el límite seguía por el Zújar, límite del término de Gafiq (Belalcázar) y Fuente Obejuna con Azuaga. El río Zújar sirve de línea divisoria con la cora de Mérida donde estaban las poblaciones de capilla (=Kabbel), Garlitos (Bitrlash) y Balá (=Navalvillar de Pela)”.
     Fash al-Ballut superaba ampliamente los límites de los Pedroches de hoy en día, como puede apreciarse en este mapa (A. Arjona Castro, 2003, 284):

     En un artículo de reciente aparición titulado "El poblamiento islámico en la kura de Fahs al-Ballūt: una aproximación arqueológica" se dice (págs. 116-117: “[En la comarca de los Pedroches] a partir del siglo V comienzan a producirse cambios en la ocupación territorial por la llegada de los contingentes visigodos (hay testimonios de su presencia en Majadaiglesia –El Guijo y La Losilla –Añora)”. Por mucho que me guste, y quiera, el tiempo de los visigodos, es una opinión que no comparto. En primer lugar, porque los visigodos se asentaron definitivamente en la península a finales del siglo V y comienzos del VI, pero antes de su venida, durante el siglo V, tras el colapso del imperio romano, llegaron invasores bárbaros (aunque los centroeuropeos actuales los llaman emigrantes...) a la península: suevos, vándalos, alanos. También hubo tropas de federados de los romanos de diversos orígenes. No todos los invasores se fueron con los vándalos al norte de África, y durante buena parte de la primera mitad del siglo V los suevos dominaron el occidente peninsular, conquistando Mérida y Sevilla. El rey suevo Requila derrotó en el año 438 a orillas del río Genil, afluente del Guadalquivir, a un noble llamado Andevoto, por ejemplo. Así que no sólo hubo visigodos, quienes no llegaron a Hispania en el siglo V, sino a inicios del VI.
     En segundo lugar, no sabemos ni cuándo ni cómo llegaron a la actual comarca de los Pedroches poblaciones foráneas, que no tuvieran sus orígenes en los habitantes de la comarca de época romana.
     En tercer lugar, porque decir que la posible iglesia que se está excavando en la Losilla (Añora) es “visigoda” no fue sólo un brindis al sol, sino la manera de obtener fondos del Instituto Arqueológico Alemán de Madrid para excavarla (si hubieran llegado diciendo que se habían encontrado una mezquita del siglo VIII, les hubieran contestado que se alegraban mucho, pero cuartos no hubieran soltado; los neogermanos, como los chivos, tiran para su monte, y la palabra mágica para ellos en la antigua Hispania es: “Visigodos”). Lo que hay y lo que fue la Losilla se sabrá cuando se acabe la excavación, no antes.
     En Majadalaiglesia (El Guijo) ya vimos en este blog que la inmensa mayoría de sus documentos arqueológicos se remontan a los siglos I-III d.C., y que de época visigoda no hay más que el fragmento de una inscripción (en realidad, la letra “R”) del siglo VII y una patena litúrgica de  finales del mismo siglo. El baptisterio tetralobulado dentro de la actual ermita debe corresponder con una iglesia de época de la Hispania Tardía. Ni la patena ni el baptisterio tienen que ser, necesariamente, “visigodos”.
     La única referencia a germanos en los Pedroches de hoy es la lápida de Ilderico, fallecido el 26 junio 665 y enterrado a un kilómetro de donde hoy se encuentra Villanueva de Córdoba.
     Es cierto que en el registro arqueológico de los Pedroches del tiempo de la Hispania Tardía hay objetos que no tienen relación con la tradición nativa hispanorromana, y que encuentran tremendos paralelismos con otros similares de Renania, norte de Francia o Bélgica: los platos de vidrio depositados en las tumbas del NE de Córdoba, y que por su número y rareza se convierten en algo único en toda la antigua Hispania. Pero, por el momento, su origen y significado se nos escapan.
     Se dice también es ese artículo (pág. 117: “El mayor esplendor [de la comarca de los Pedroches] se alcanza en época islámica, cuando los asentamientos se multiplicaron y la zona se explotó tanto en el ámbito minero, como en el ganadero y en menor medida el agrícola”. Dado que, según tu título, la comunicación pretende entablar una aproximación arqueológica, esta opinión es difícilmente defendible si comparamos las pocas docenas de testimonios arqueológicos de al-Andalus con los varios centenares de sepulturas y otros tantos objetos (cerámicas, bronces, vidrios...) de época tardoantigua y visigoda que descubrió Ángel Riesgo entre 1921-1935 y depositados en los museos arqueológicos de Córdoba y Madrid; a los que hay que unir los objetos que se encuentran en los de Torrecampo y Villanueva de Córdoba. Son un millar de documentos arqueológicos de los siglos V-VII, frente a pocas decenas de los pertenecientes a al-Andalus. Los dos grandes periodos de auge de los Pedroches, a tenor del volumen de documentación arqueológica conocida, son el Calcolítico, en la Prehistoria Reciente, y la etapa tardoantigua y visigoda.
     Por ejemplo, la Colección Riesgo del Museo Arqueológico de Córdoba se compone de 287 piezas, trece de las cuales son de lugares ajenos al noreste de Córdoba. De los 274 objetos restantes, casi la mitad (47,45%) son de la Antigüedad Tardía y periodo visigodo; un tercio (37,59) son de la Prehistoria Reciente, especialmente del Calcolítico; un décimo (10,95%) corresponden al periodo romano. Sólo hay cinco objetos datados en al-Andalus, aunque es incorrecto (como se verá a continuación), pues hay tres cuencos clasificados como “platos de barro vidriados árabes” que en absoluto corresponden a ese tiempo. Sólo hay en el museo cordobés dos lucernas andalusíes, frente a ciento treinta objetos de los siglos V-VII. No hay comparación posible.


     (Una aclaración antes de continuar: Ángel Riesgo Ordóñez realizó numerosas excavaciones en el NE de Córdoba entre 1921-1935. Los objetos procedentes de ellas se encuentran actualmente en dos museos: en el Arqueológico Nacional de Madrid (en la denominada “Colección Aulló”) y en el Arqueológico de Córdoba (“Colección Riesgo”).
     Veamos a continuación los objetos procedentes de los Pedroches correspondientes al tiempo de al-Andalus conservados en los museos madrileño y cordobés:

Dedal de bronce del Califato Omeya (siglos X-XI).
     Perteneciente a la Colección Aulló, nº de inventario 1964/43/89 del Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

      No aparece en los cuadernos de campo del excavador, Ángel Riesgo, pero hay que considerar que fueron parcialmente destruidos a comienzos de la guerra civil cuando fue saqueada su casa, y que los recompuso, ayudándose de su memoria, al concluir la contienda.

     Es un dedal de bronce de tres centímetros de longitud, con cuerpo en forma de bellota; tiene su superficie puntear para que la aguja no resbalase, y el borde decorado con trazos incisos.
     Se considera que este tipo de objetos está relacionado con la industria textil, y que fue empleado por guarnicioneros, albarderos, talabarteros y alpargateros, aunque se ha valorado asimismo que podrían haber sido una protección de los dedos en el uso de arcos y ballestas. Hay otro tipo de dedales más cortos y achatados, que habrían sido empleados en sastrería.

Candiles de piquera.
      Instrumentos imprescindibles hasta no hace mucho en los cortijos, escribe sobre ellos Juan Zozaya: "Ya desde la Prehistoria el hombre descubrió el valor de las grasas como materia poderosa para la iluminación, y esto le permitió, aunque de manera limitada, poder ver en las horas oscuras. El auge de las culturas protohistóricas mediterráneas, con el cultivo del olivo, permitió que el sistema fuera más económico al ser renovable el combustible con relativamente poco costo de producción. Dicho de manera jocosa, ya no fue necesario matar a un bisonte para iluminarse mal un par de noches, pues no había que desarraigar el olivo para producir aceite e iluminarse bastante tiempo... El principio de acción de un candil se basa en la combustión de una materia grasa vegetal, en este caso el aceite de oliva, material de gran calidad por su luminosidad clara y por su lenta consunción, que se refleja en una larga duración de luminosidad... El elemento combustible se ayuda de la presencia de una mecha o "torcida" de hilo de algodón, parcialmente inmersa en el aceite, que es necesario mover periódicamente a medida que el punto de ignición, en un extremo fuera del aceite, va destruyendo el tejido orgánico que lo compone... El candil cuenta con diversas partes, aunque parezca que es un útil relativamente simple":


                       (Juan Zozaya: "Los candiles de piquera", Tierras del Olivo, Jaén, 2007-2008)


      Griegos, fenicios, cartagineses o romanos emplearon los candiles (o lucernas en la denominación clásica), que los especialistas pueden identificar a tenor de sus formas. Lo que define y distingue a los candiles de piquera andalusíes es su alargada piquera, una pieza unida al depósito, en la parte opuesta al asa, sobre la que se sitúa la mecha, y que adoptó diversas formas que fueron cambiando a lo largo del tiempo.
     En la colección Riesgo del Museo Arqueológico de Córdoba se conservan dos candiles, fragmentados, del tiempo de al-Andalus, con número de inventario 27914 y 27915.
 
 (Fotografías de María Jesús Moreno Garrido, Museo Arqueológico de Córdoba.)
 
     El color de la arcilla de ambos candiles, blanquecina o amarillenta muy clara, indica una procedencia foránea, pues el barro local da tonos anaranjados oscuros, rojizos o marrones.
     Del número 27914 no hay información de su procedencia, pero sí del 29715, que conserva una pequeña etiqueta manuscrita por Riesgo, en la que indica que apareció en un villar de la Charquita, un par de kilómetros al este de Villanueva de Córdoba. En sus libretas de campo dice Ángel Riesgo sobre este candil: "Una lucerna o candil. En los restos de villares de esta zona hallé un candil fracturado en el asa, tapa y boca. Tosca construcción. Arcilla fina amarilla, presenta en la boca y parte alta restos de sustancia vítrea, como gotas saltadas al bañar con ella otras vasijas". Cierto, el candil tiene unos goterones de vedrío verde en el depósito y en la piquera. (Una observación: puede comprobarse que la descripción de Riesgo se ajusta perfectamente a lo que vemos en la fotografía, lo que confirma la fiabilidad de sus registros).
      El lugar donde apareció la lucerna 27915, la Charquita, está próxima a la actual Villanueva de Córdoba y al camino que une a este localidad con Pedroche, es decir, con el ramal que unía a Bitrawsh (capital de la cora de Fash al-Ballut) con el camino del Armillat, principal eje viario entre Córdoba y Toledo durante el califato.
     Es el único objeto de la Charquita de este periodo, aunque en la colección Riesgo del museo cordobés hay más objetos de este yacimiento que parecen pertenecer al anterior periodo de la Hispania Tardía: dos jarros de barro, un plato de vidrio y objetos de adorno en bronce, cinco zarcillos y un anillo.


Cuencos vidriados posteriores a al-Andalus.
      Las tres piezas del Museo de Córdoba con número de inventario 27999, 28000A y 28000B corresponden a tres cuencos vidriados.
 
  (Fotografías de María Jesús Moreno Garrido, Museo Arqueológico de Córdoba.)

     En el registro constan como "platos de barro vidriados árabes" pero, como dije arriba, no son del periodo de al-Andalus, sino posteriores, pues ni las formas, ni la decoración, ni el tipo de aplicación de la misma corresponden a lo que se sabe que salía de los talleres musulmanes. Esto es muy fácil de comprobar si comparamos el cuenco número 27800B con un ataifor elaborado en la corte califal de Medina Azahara en la segunda mitad del siglo X:


  (Cuenco: fotografía de María Jesús Moreno Garrido, Museo Arqueológico de Córdoba;
Ataifor: https://amigos-madinatalzahra.culturalspot.org/)


     Las circunferencias perfectas del cuenco de los Pedroches contrastan con las líneas de óxido de manganeso que trazó el artesano califal a mano alzada; además, y aunque parezca contradictorio, el vidriado de al-Andalus es de mucha más calidad y se ha conservado mejor que el más reciente del cuenco. Es posible que al ingresar la colección Riesgo en el museo de Córdoba, al anotar las piezas y ver una descripción de "plato vidriado" se diese por supuesto que fuesen de al-Andalus, que, en la Córdoba capital del califato, sería de lo más normal.

     En definitiva, de Fash al-Ballut se conocen algunas referencias literarias y escasos vestigios arqueológicos, además de los expuestos una quincena en el Museo de Villanueva de Córdoba. Sin embargo, de la etapa visigoda en los Pedroches no hay ninguna cita conocida en las fuentes textuales, mas los documentos arqueológicos se cuentan a centenares.

jueves, 3 de marzo de 2016

Texto completo del Pregón de la Feria de 2015 de Villanueva de Córdoba

     Ya se ha publicado el Pregón de Feria que ofrecí el pasado día 2 de agosto de 2015 en Villanueva de Córdoba. Estando ya en papel, hay que usar también las nuevas tecnologías en comunicación y ofrecerlo desde nuestro blog. Para que sea más cómodo he preferido hacer el "clásico copia-pega" en vez de subirlo en archivo .pdf. Debo, una vez más, agradeder al presentador, Daniel Pizarro Camacho, Pregonero de 2014, su enorme generosidad.
     Aclaro que el blasón que aparece abajo en la portada es el del linaje Palomo que desde Cantabria se encaminó a Extremadura, y de ahí al norte de Córdoba, desde donde nos encontramos al menos desde mediados del siglo XVI: dos jabalíes rampantes sobre una encina con bellotas doradas. ¡Vaya!, pensé cuando lo conocí, ni a cosa hecha se podría haber escogido mejor emblema para alguien que vive en las mejores dehesas del mundo, las de los Pedroches.




VILLANUEVA DE CÓRDOBA
PREGÓN DE FERIA 2015

PRESENTACION DEL PREGONERO DE LA FERIA 2015
Daniel Pizarro Camacho,Pregonero de la Feria 2014

Ilma. Sra. Alcaldesa, miembros de la Corporación Municipal, Cronista oficial, anteriores pregoneros, Reinas, Damas y Mister de las fiestas, Director de la banda de música y componentes de la misma, medios de comunicación, paisanos, asistentes y amigos:
Parece que fue ayer cuando ocupé esta tribuna como Pregonero de la Feria 2014 y ha pasado ya un año. Nos encontramos de nuevo en este magnífico escenario para hacer ahora la presentación de quien tomará el relevo como protagonista del Pregón de Feria 2015.
No puedo negar que siento una especial satisfacción por esta oportunidad de llevar a cabo una, necesariamente limitada en el tiempo, exposición de la personalidad de quien este año nos iniciará en nuestras fiestas. Y lo es por su calidad humana, su preparación cultural y su vocación intelectual: nuestro paisano Juan Palomo Palomo.
El hogar de Juan Antonio y Petra, padres de Juan, se enriqueció con la llegada de un nuevo jarote que vio la luz del día en la calle que lleva el nombre de nuestro Patrón San Miguel. Corría el 1963, año que albergó luctuosos sucesos como las desapariciones del Papa Juan XXIII y del Presidente John F. Kennedy, pero también ilusiones esperanzadoras como la enorme manifestación en el Lincoln Memorial de Washington DC, que vivió el discurso I have a dream (yo tengo un sueño) de Martin Luther King.
Ignoro si Juan vino con un pan debajo del brazo, como dice el refrán, pero la verdad es que la llegada al mundo de nuestro pregonero coincidió con la implantación, por vez primera, del salario mínimo en España. Bien es cierto que el mismo ascendía a la exorbitante cantidad de sesenta pesetas al día (treinta y seis céntimos de euro, de ahora), pero eran otros tiempos. Vino también apareada su nascencia, tal vez como premonición de su futura vocación arqueológica, con el descubrimiento ese año del Tesoro de Villena, en Alicante. Constituyó el hallazgo de orfebrería prehistórica más importante de la península ibérica y segundo de Europa, sólo superado por el de las Tumbas Reales de Micenas en Grecia. Lo constituyen 59 piezas de oro, plata, hierro y ámbar, con un peso de unos 15 kilos, una antigüedad de unos 1.000 años A.C. y procedente de la Edad de Bronce tardío.
Juan se considera genética y espiritualmente, con el mayor orgullo, descendiente de pizarreros, concretamente de los originarios de la zona entre los Puntales y el Barranco de los Tolones. No le falta razón, porque aquellos intrépidos y tesoneros paisanos supieron, a través del esfuerzo, la abnegación y las privaciones, domeñar la agreste Sierra Morena haciéndola productiva.
Su niñez y adolescencia estuvo imbricada en la trastienda de uno de aquellos pequeños comercios de la época. Recuerda, orgulloso de su familia y entorno, que colaboró a la economía familiar partiendo en el patio, con martillo y cincel, miles de kilos de pescada congelada, o subiendo a pie, por las graces, hasta la cámara, centenares de cajas de galletas.
Su cualificación académica es Diplomado Universitario en Trabajo Social, aunque reconoce que disfruta mucho más como archivero de la Parroquia de San Miguel de Villanueva. Historiador autodidacta, anda lidiando académicamente la materia en la Universidad a Distancia.
Con su exquisita sencillez confiesa que no tiene vocación de escritor, y lo que más le place es leer, conocer cosas nuevas. Sin embargo, movido por su afán de compartir, por hacer llegar a los demás las cosas de las que ha disfrutado conociendo, ha dado a luz, -dándole a la tecla como dice él-, hasta el presente, a tres libros:
-Del origen de Cardeña (Notas para la historia de Cardeña, Azuel y Venta del Charco) 1999.
-Villancicos de las Misas de la Virgen de Villanueva de Córdoba (De la tradición de los Pedroches), 2000.
-Historia de la Cooperativa San Miguel de Villanueva de Córdoba (1959-2011).

Se manifiesta también como articulista, y entre los trabajos publicados destacan:
- "La red viaria antigua en los Pedroches orientales (Córdoba)”, El Miliario Extravagante 87, 2003.
- "Los molinos hidráulicos en la Antigüedad", Espacio, Tiempo y Forma 19-20, 2006-2007.
- "Evolución de los caminos de Córdoba a Toledo por el norte de Córdoba desde la Antigüedad hasta la Edad Moderna", Almirez 18, 2012.
Colabora frecuentemente con el Boletín Informativo de la Asociación de Cabezas de Familia, publicando sustanciosos textos. En la Revista de Feria anual, su firma aparece cada año. También hace sus pinitos con los nuevos mecanismos de comunicación en los que, con su acostumbrada modestia, manifiesta en el argot jarote que no es, precisamente, un aguililla, pero que ha aportado sus granitos de arena, como:
- Contenidos históricos de la página en internet de la Cofradía de la Virgen de Luna de Villanueva de Córdoba.
- Creador del blog Historia desde la Jara, dedicado exclusivamente a la historia y arqueología de los Pedroches.
A título personal recomiendo, a todos los presentes, hacer inmersión en sus publicaciones y en su blog, porque estoy seguro que disfrutarán de sus trabajos y aumentarán el conocimiento cultural sobre nuestra tierra.
Es un impenitente buscador e indagador de funerarios dólmenes e inhiestos y fálicos menhires, investigador infatigable de datos y circunstancias arqueológicas, históricas, socioeconómicas, culturales e incluso gastronómicas de nuestro amado pueblo y comarca. Se mueve en todos los terrenos y lo mismo investiga la antroponimia local, las necrópolis en roca, los molinos hidráulicos, los ilustres paisanos de la época del Califato, la industria lanera o el salmorejo jarote.
Recuerdo que hace algunos años coincidimos en un Congreso Internacional de Molinología, en el cual presentaba una ponencia, precisamente, sobre el encuadre histórico de los molinos hidráulicos. A partir de entonces tuve un especial interés en conocer su trabajo porque aprecié en Juan una gran dedicación y un excelente cuidado hacia el enfoque científico de la historiografía: con basamentos firmes en documentaciones serias y una fiable información bibliográfica, todo ello unido a un exhaustivo y analítico trabajo de campo.
Baste para ello, como ejemplo, hacer referencia a un amanecer del solsticio de verano,-que tuvo el placer de contemplar y transmitir fotográficamente-, a los pies de un dolmen en Torrubia, inusualmente orientado, para comprobar “in situ” su teoría basada en una justificación astronómica que originaría la disposición topográfica particular del megalito.
Reflejan su sensibilidad hechos como la ilusión con que realiza las excursiones ecológico culturales con su sobrino Juanito, iniciándolo en el conocimiento de los yacimientos prehistóricos, así como, -aún autoclasificándose encuadrado en el grupo tercero que define Caro Baroja, como un no incondicional amante de todas las tradiciones- en la gran inenarrable emoción que sintió cuando fue alabardero de la Virgen de Luna, el año 2012, como hermano mayor, y portó la enseña empuñada por tantas generaciones de manos jarotas.
Es exigente en sus investigaciones. Crítico con las, con frecuencia, conclusiones erróneas, equivocadas o infantiles emitidas sobre yacimientos o restos. Lo hace, incluso en ocasiones, con enfoque humorístico, como es el caso del petroglifo de la Venus Oronda de Las Aguzaderas, al que califica procedente, ni mucho menos de época prehistórica, como algún advenedizo aseveraba, sino del bautizado por él Pizarriense Reciente.
Para estar a tono con el carácter historiador que impregna la personalidad de nuestro pregonero, y contando en parte con su sentido del humor, quiero finalizar su presentación con unas referencias pretéritas relacionadas, de alguna manera, con su figura.
Luce nuestro amigo el apellido Palomo y además por duplicado. A titulo anecdótico recojo la exótica, pintoresca y cronológicamente increíble versión sobre su linaje. Según el genealogista Piferrer, en su obra Nobiliario de los reinos y señoríos de España, tiene su origen en el jefe de una tribu importante en la provincia del Chaco, en la India oriental. Al parecer, con gran fervor religioso, a finales del siglo XIV, deseó abrazar el catolicismo y Juan I de Castilla le concedió la Condecoración de la Orden de la Paloma,  pasando a llamarse, -imagino que en honor al rey y a la orden concedida- , el primer Juan Palomo de la historia.
Tiene Juan asimismo un homónimo, aunque no por supuesto relación de parentesco que yo sepa, en Diego Padilla, uno de los siete niños de Ecija, que adoptó el nombre de batalla de Juan Palomo. Intrépido bandolero, romántico y altruista, amigo de El Tempranillo, que cabalgó Sierra Morena y se refugiaba en la Casa Grande de la cercana Fuente la Lancha.
Pero quizá la referencia más usual y tópica relacionada con su apellido deba su origen a Francisco de Quevedo que, en una de sus múltiples poesías burlescas titulada “Letrilla Satírica III”, que forma parte de un conjunto de veinticinco, versifica:
Más estimo un dan que un don;
y es mi fuerza y vigor tanto,
que un testimonio levanto,
aunque pese más que plomo.
Yo me soy el rey Palomo:
yo me lo guiso y yo me lo como.

En la transmisión oral popular, con el tiempo, el original vocablo rey fue trastocado por Juan y, en esta transferencia, aparece el protagonismo de nuestro pregonero: “Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como”.
Es cierto que en el día de hoy, esta paremia es correcta tan solo a medias, ya que si bien el pregón ha sido cocinado en su totalidad por nuestro amigo Juan -se lo ha “guisado” él solo-, también es verdad que nos va a hacer participes a todos de él, compartiendo con nosotros tan preparado manjar.
Por ello, en su condición de pregonero 2015, aprovechando esta analogía culinaria, con el mayor afecto: tienes la palabra “chef”.

Villanueva de Córdoba, 2 de agosto de 2015.


PREGÓN DE LA FERIA Y FIESTAS DE VILLANUEVA DE CÓRDOBA 2015
Juan Palomo Palomo.

Ilma. Sra. Alcaldesa; señoras y señores concejales; señor Cronista, Reinas, Damas y Místers de nuestra feria; queridos paisanos y amigos.
Cuando en nombre de la Corporación la Alcaldesa, Doña Dolores Sánchez Moreno, me propuso dar el Pregón de la Feria de este año intenté unas hábiles maniobras elusivas, que, evidentemente, resultaron infructuosas. Como dijo un famoso personaje literario, hay ofertas que no se pueden rechazar.
Asumida la cuestión, el asunto, además de orgullo, y satisfacción, me llenó sobre todo de responsabilidad. Y de auténtica zozobra. En primer lugar, porque no estoy aquí como individuo particular, sino como depositario de la confianza de nuestros representantes democráticos, para, en nombre de la comunidad de Villanueva de Córdoba, realizar un “discurso elogioso en el que se anuncie al público la celebración de nuestra feria y se le incite a participar en ella”.
En segundo lugar, por la forma de dicho discurso elogioso. Dado su carácter, es frecuente que se haga desde la emotividad, desde los sentimientos; desde unos recuerdos y vivencias comunes que nos hacen sentir y considerar que pertenecemos a un cuerpo social. Mis ilustres antecesores han tratando desde este enfoque, de modo magistral, a la feria, a Villanueva y a sus gentes. Proseguir por esa senda hubiera sido iterativo, y no tendría mucho nuevo que aportar.
Esta era mi preocupación: ¿qué puedo ofrecerle a mi pueblo? Mi ámbito de conocimiento es la Historia, y ya que en el cartel anunciador dice: “Feria y fiestas de Villanueva de Córdoba”, les invito a que demos un paseo histórico por eso, por las ferias, las fiestas y los orígenes de Villanueva de Córdoba. Un paseo para hacer gana de feria

1.- FERIA.

1.1.- Las ferias en general.

Las ferias son el primer elemento a tratar.
Hace más de un siglo que el Padre de la Historia Jarota, don Juan Ocaña Prados, describía la tradicional feria de San Miguel, diciendo: “La llamada impropiamente feria se componía de algunas tiendas de juguetes, puestos de cristal y loza, de calzado, espartos, cordeles, hierros y otras menudencias, sin faltar los turrones y golosinas”. Don Juan Ocaña sabía que desde la Edad Media las ferias habían sido otra cosa.
Desde sus orígenes medievales las ferias tuvieron sustanciales diferencias con los simples mercados. Como decía Alfonso X en sus Partidas, mercado es el lugar “do se ayuntan los homes a comprar e a vender las sus cosas”. Su frecuencia era alta, celebrándose diaria o semanalmente. El objetivo primordial del mercado era abastecer a la población de productos básicos, dando salida a los excedentes de los campos cercanos.
Las ferias, en cambio, se celebraban una o incluso dos veces al año, con una duración superior a una semana. Los productos que se mercadeaban en ellas podrían proceder tanto de las inmediaciones como de lugares lejanos, y su finalidad no era proveerse para el día a día, sino el abastecimiento durante largo tiempo o de mercancías poco frecuentes.
A partir del siglo XII Europa occidental se llena de ferias; la más antigua de los reinos hispánicos es de 1116, aunque fue en el siglo XV cuando se creó la más famosa de todas, la de Medina del Campo.
Durante la Edad Moderna los reyes españoles protegieron y apoyaron con privilegios las más destacadas, pues sabían que formaban el principal circuito de mercancías y capitales imprescindibles para sostener la monarquía. Así que durante el siglo XVI el auge de las ferias castellanas fue extraordinario.
En el siguiente siglo, el XVII, tuvo lugar su irreversible declive, cuya principal causa fue el enorme apuro de las finanzas de la monarquía, que acabaron que agotar y arruinar a estos circuitos comerciales: al estar la hacienda real tan estrechamente vinculada a las ferias, su déficit crónico las arrastró consigo al desastre.
Entre los siglos XVII y XIX se produce un gran desarrollo industrial, y las ferias tienen una importante transformación: de ser lugares donde se realizan intercambios comerciales, pasan a ser medios para promover los avances tecnológicos de un país y mecanismos para impulsar la actividad comercial.
En definitiva, el concepto de feria y sus elementos han ido evolucionando a lo largo de los siglos. En la Edad Media, cuando las comunicaciones eran peligrosas y difíciles, cuando eran escasos los sitios donde encontrar objetos de lujo o de primera necesidad, esas grandes reuniones de gentes de todos los lugares eran florecientes y tenían un objetivo de aprovisionamiento. Posteriormente, a la feria se le unió el concepto de fiesta: con sus tenderetes móviles, sus mercancías variadas y no frecuentes, con espectáculos, con asistentes que acudían solo por divertimento, las ferias tenían como principal cometido proporcionar diversiones a la población. Y es en este ámbito donde se encuadra nuestra feria jarota.

1.2.- Las ferias de Villanueva de Córdoba.

Escribía don Juan Ocaña Torrejón que desde tiempo inmemorial se celebraban en la Fuente Vieja las fiestas de septiembre o San Miguel. Creo que es algo lógico al ser el espacio público más amplio (su extensión se vio reducida en el siglo XIX al vender parte de sus terrenos), dado que la explanada inmediata a la iglesia de San Miguel, lugar utilizado como cementerio hasta 1813, estaba circundada por una pared que iba de una a otra de las puertas laterales de la iglesia, manteniéndose dicho muro hasta mediados del siglo XIX.
En principio, las fiestas en honor al patrono local, San Miguel, comenzaban el 29 de septiembre y terminaban el primer domingo de octubre. En la Fuente Vieja se instalaban puestos de venta de cristal, loza, calzado, etc. para los adultos; y los tenderetes de juguetes, turrones y golosinas, caballitos de madera, pim, pam pum para los niños. En los primeros años del siglo XX aparecieron novedades feriales, como cine, o corridas de toros en una plaza construida al final de la calle Luna.
En 1910 el alcalde de Villanueva, don Matías Moreno Blanco, se propuso darle más carácter y entidad a la única fiesta popular anual de la localidad.
Dado que no existía disponibilidad presupuestaria desde el Ayuntamiento, el alcalde recurrió a la iniciativa privada, convocando una reunión entre los principales comerciantes e industriales, a quienes expuso su proyecto. Fue aceptado con entusiasmo, creándose una comisión ejecutiva para hacerlo realidad.
La feria de 1911 discurrió entre el 29 de septiembre y el 2 de octubre. Cucañas, globos aerostáticos, corridas de toros, funciones de teatro y cinematógrafo, bailes públicos y de sociedad, fin de fiesta con una función de fuegos artificiales en el nuevo y flamante Paseo de la Estación, compusieron el programa de festejos. Decía Ocaña Prados que “lo que más llamó la atención del público en esta festividad fue la soberbia iluminación colocada en la Plaza Constitucional, en la plazuela de la Fuente Vieja y en el trayecto que media entre ambas… Construyéronse arcos adornados con esmero, escudos, banderas, gallardetes, farolillos a la veneciana… realzado por la intensidad del alumbrado eléctrico… en cada arco había cinco bombillas de 16 bujías”. El siglo XX había llegado a Villanueva.
Anticipándose a la tendencia de las ferias sectoriales actuales, se celebró una feria de ganado en el recién estrenado Paseo de la Estación ese mismo año de 1911.
A partir de entonces, la feria fue cambiando de fechas y de localización. En 1913 fue trasladada al Paseo de la Estación, aunque duró poco allí, ya que en 1914 pasó al Calvario, donde continúa. En 1917 se modificó su fecha, llevando su inicio al 19 del mismo mes, aunque tres años después se consideró que debería comenzar el 15 de septiembre. Quizá para ajustar más su celebración al ciclo agrícola, pues a mediados de septiembre, generalmente, se estaba a la espera de las primeras lluvias otoñales que permitieran las labores en el campo.
En 1971 pasó a celebrarse el 4 de agosto, para permitir, sobre todo, que las personas que habían emigrado recientemente pudieran retornar a sus orígenes en las vacaciones estivales.
En 1997 se produjo la última modificación, decidiendo que comenzase el primer martes de agosto y acabase en la madrugada del domingo, ocupando prácticamente una semana natural completa.
Durante buena parte del siglo XX se celebraba una feria de ganado coincidente con la de San Miguel, al principio en el Paseo de la Estación y posteriormente en el Calvario. En la de 1968 tuvo lugar la I Feria Exposición de Maquinaria Agrícola del Valle de los Pedroches, lo que era un salto cualitativo en la oferta ferial.
Aunque la mayor innovación en este aspecto ha sido la creación, en 2001, de la Feria del Jamón Ibérico, al comienzo de Villanueva en particular, y luego de los Pedroches en general. Tiene como objetivo dar a conocer la excelente calidad de los productos derivados del cerdo ibérico criado en la comarca, siendo sobre todo la degustación de jamón lo que prima.
Esta feria del Jamón, junto con la Denominación de Origen de Ibérico de los Pedroches, ha contribuido a que desde nuestra tierra se inicie en serio una nueva forma económica, pasando de ser de meros vendedores de ganado a industriales que venden sus jamones. Hasta hace poco, todas las plusvalías y valor añadido del cerdo ibérico salían de nuestro centro de producción; el objetivo es que todos ellos repercutan en los productores y en la comarca. La Feria del Jamón tiene el cometido primordial de dar a conocer la excelente calidad de nuestros productos: lo que no se conoce, no se compra.

2.- FIESTAS.

2.1.- El carácter de las fiestas.

Las fiestas son el segundo elemento a considerar. Aunque parezca una contradicción, las fiestas son una cosa muy seria. El mismísimo Yahvé, poco dado a las bromas, se lo dejó bien claro, y por escrito, a Moisés en sus tablas de la ley: santificarás las fiestas; él mismo se había tomado un día de fiesta tras la creación del Universo.
Creo que las fiestas tienen su causa primera en una característica de nuestra especie que nos distingue del resto de homínidos: la capacidad para entrar en la mente del otro, para saber lo que piensa. Los conocimientos y la experiencia se multiplican y se transmiten, tanto horizontalmente, entre los miembros de un conjunto, como verticalmente, de generación en generación. Esto nos llevó a evolucionar no como individuos, sino como grupo. Pero esta común unión puede generar tensiones, tanto en las relaciones de los individuos entre sí como entre diferentes grupos. Así que de tanto en cuanto haya que realizar ritos o ceremonias que reafirmen el carácter grupal de una comunidad. Al unirse a la perspectiva religiosa, los ritos y celebraciones impusieron el acatamiento de los principios que permitían la cohesión y el orden sociales.
El carácter comunitario de las fiestas ha sido resaltado por quienes las han analizado desde un punto de vista sociológico y antropológico. Por citar a dos grandes, Émile Durkheim consideraba que la fiesta primitiva era como una efervescencia colectiva, una de las formas elementales de la vida colectiva y la expresión de una solidaridad mecánica. El uno totalitario predomina sobre el átomo individual. Don Julio Caro Baroja, en su obra El carnaval, define a la fiesta como el hundimiento del individuo en el subconsciente colectivo.
El tiempo es un componente esencial de la fiesta, pues, además de su carácter de cohesión social, la fiesta es una ruptura del hábito, la negación de lo cotidiano y la trasgresión de las normas establecidas. El tiempo festivo es universal y cósmico, se produce y reproduce constantemente; hay un nacimiento, un desarrollo y una muerte de la fiesta, lo que sirve para generar y regenerar la cultura de un grupo social.
La fiesta es también el momento de inserción en la comunidad de nuevos miembros, que asumen los valores culturales del grupo, o de reencuentro de los que se encuentran diseminados.
Al igual que el sueño nos sirve para eliminar los residuos de la actividad diaria, las fiestas son también las ocasiones que sirven de catarsis, de limpieza purificadora de la comunidad.
La fiesta, pues, se nos muestra como una Jano Bifronte (o el águila imperial de los Austrias de nuestro escudo), con dos caras aparentemente opuestas pero que forman parte de un único cuerpo, de una única realidad social: ceremonias y ritos de cohesión social de carácter grupal, pero también “regocijo dispuesto para que el pueblo se recree”, como dice el DRAE.
Hasta prácticamente mediados de la década de 1960, cuando la cultura del ocio estaba aún por descubrirse, eran muchas familias que vivían en los campos durante meses, y tenían en esos pocos días de feria el único escape anual a la rutina de las labores agrícolas. Y como tal era vivida, con el regocijo que ofrece lo escaso.
Hoy en día nuestros hábitos han cambiado, los motivos que dieron lugar al cambio a agosto de la feria ya no se dan, y quizá fuera positivo que la feria volviese a septiembre, al primer martes de septiembre, por ejemplo, para que no coincidiera con las vacaciones de agosto de la mayoría de la población, ni tampoco con el calendario escolar. Nuestra feria y fiestas locales deben potenciarse, pues no debemos olvidar que constituyen un elemento primordial de nuestra identidad grupal, tanto para nosotros mismos como ante las comunidades vecinas.

2.2.- Otras fiestas de Villanueva de Córdoba.

La feria de agosto, antes de San Miguel, es la fiesta que celebra de forma institucional la comunidad de Villanueva de Córdoba, pero hay en el ciclo anual otras que también pueden definirse de jarotas, tanto por su forma o por la manera de manifestarse.
La primera en el calendario es la de San Sebastián, el 20 de enero. Es la fiesta de los aceituneros, pues era en esos días cuando se estaba desarrollando la plena recolección de aceitunas. Es una fiesta jarota en tanto otras localidades cercanas celebran la misma fiesta días antes, el de San Antonio. Cuando las gentes pasaban largos periodos en los olivares, este era un día especial; la víspera del Santo se hacían grandes candelas en los cortijos, visitándose unas faneguerías a otras y culminando la velada con cantos y bailes. Hoy en día, las candelas que se hacen en lo Alto del Santo, junto a la ermita de su titular, mantienen esta tradición.
Prosiguiendo en el calendario, a la espera de la primera luna llena de la primavera, la Semana Santa se inaugura en Villanueva diez días antes del Domingo de Ramos, en una procesión exclusivamente jarota: La procesión de las Velitas. Su origen pudo estar en el traslado de la imagen de la Virgen de los Dolores desde la iglesia de San Miguel a la ermita de Jesús, en la calle Real, aunque luego acabara consolidándose como uno de los elementos más singulares de la cultura jarota, pues junto a la Virgen, los protagonistas de ella son los niños, que la acompañan portando velas, cuyo adorno tradicional eran azucenas de papel. El desfile de los niños acompañando a la Virgen de los Dolores es absolutamente entrañable y lleno de emotividad, y sientes que es el futuro de Villanueva el que pasa delante de ti.
Cincuenta días después del Domingo de Resurrección, en el Lunes de Pentecostés, tiene lugar la que considero la auténtica fiesta nacional jarota: la romería de la Virgen de Luna, en la que su imagen es traída desde su ermita a Villanueva, donde permanece hasta el segundo domingo de octubre, en que es llevada de nuevo al santuario. El que podamos hacer hoy esta romería no fue gratuito, nuestros antepasados jarotes tuvieron que luchar, y no solo en sentido metafórico, para realizarla. Los primeros pleitos con otro municipio cercano datan de 1589, reactivándose durante 1681-1685. No cejamos en nuestro empeño, y cada año celebramos su llegada. La procesión del Lunes de Pentecostés en Villanueva de Córdoba es como el Aberri Eguna o la Diada jarota, pero con la diferencia de que es mucho más antigua, y no es artificial, sino que  nació del pueblo, quien la mantuvo y la vive con júbilo. Es cuando se muestra de modo inequívoco el, digamos, sentimiento nacional jarote. Por eso, cuando se produjo el gran éxodo migratorio de los años 60-70 del pasado siglo, en los dos lugares donde residían más personas naturales de Villanueva, en Barcelona y Madrid, se crearon hermandades de la Virgen de Luna. Fue usual entre los emigrantes andaluces que, para reafirmar su identidad al residir en otros lugares, se unieran o crearan cofradías de la Virgen del Rocío. A los jarotes que habitaban en Madrid o Barcelona no les hacía falta, nuestra Virgen de Luna era el símbolo, el icono de nuestra comunidad, Villanueva de Córdoba, lo que la representaba y lo que la definía. No nos hacía falta nada más, y mucho menos si era ajeno a nuestra tradición. Bien visto, ¿cuántos pueblos hicieron lo que nuestros paisanos allí, seguir manteniendo su cultura, ritos y símbolos, allá en tierra extraña?

3- VILLANUEVA DE CÓRDOBA.

3.1. Encina Enana, Villanueva de la Jara, Villanueva de Córdoba.

El tercer y último elemento a considerar en nuestro paseo es Villanueva de Córdoba.
Don Juan Ocaña Prados recogía la tradición según la cual nuestra localidad surgió tras la Peste Negra de 1348, a partir de vecinos de Pedroche que huyeron de ella. En realidad, eso es lo que dice Luis María Ramírez de las Casas-Deza en 1840, pero refiriéndose a Torrecampo.
La hipótesis más extendida sobre el origen de las villas de la comarca las hace proceder de Pedroche. Es lo que escribió en 1660 el franciscano Fray Andrés de Guadalupe en su Historia de la Santa provincia de los Ángeles.
Ninguna de las dos tradiciones se basa en ninguna fuente escrita, sino que entran dentro de lo legendario.
Basándonos en los documentos, la primera referencia sobre Villanueva de Córdoba, con su primigenio nombre de Encina Enana, es de un siglo posterior a la Peste Negra, ya en el siglo XV. En el traslado de una escritura fechada el 26 de septiembre de 1437, un testigo, natural de Adamuz, “...dixo ql tenia de por suya la dicha posada dl guijo q gla qmo un ome de Ensina Enana...” (“dijo que él tenía de por suya la dicha posada de El Guijo que la quemó un hombre de Encina Enana”). [Una pequeña digresión: se había comentado que el prístino nombre podría haber sido Encina Nava, que no Encina Enana, pero en este documento, que dio a conocer don Miguel Muñoz Vázquez en la Revista de Feria de Villanueva de Córdoba de 1989, es perfectamente legible la palabra “Enana”; al igual que en el documento de 1499 que se citará a continuación. Fin de la digresión.]
El lunes 6 de mayo 1499 un representante de los habitantes de Encina Enana solicitaba del cabildo de Córdoba que se cambiase el nombre por Villanueva de Córdoba, lo que aceptó el cabildo, mandando igualmente que se proveyese de un alcalde y un escribano. Hay que reseñar que Encina Enana no tenía entonces entidad jurídica municipal propia, era un “lugar” dependiente administrativamente de Pedroche. Ese alcalde (cuyo nombre proviene del árabe al cadí, juez) era un juez, que sólo entendía en asuntos de materia civil de cuantías no superiores a 300 maravedís. Para apelaciones a sus sentencias, o en cuestión penal, tenía que remitirse a las instancias superiores de Pedroche o Córdoba.
Al analizar la documentación del proceso que desembocó en la independencia jarota, don Juan Gregorio Nevado Calero (de la Real Academia de Córdoba), hace unas interesantes apreciaciones. Encina Enana no es denominada nunca “aldea”, sino “lugar”, habiendo diferencias entre ambos conceptos: Lo que define a esta palabra, lugar, es que no tiene jurisdicción propia, está sujeto a otra entidad local superior. Aldea, al contrario, es una expresión que generalmente va acompañada de su villa matriz, y que tiene un gran peso económico y social en el territorio. Al ser nombrada siempre como lugar, en opinión del señor Nevado Calero, “expresan la inexistencia del vínculo directo entre el pueblo matriz y el nuevo centro de población”.
Una muy interesante consideración, que rompe el mito del origen común de las villas en Pedroche de Fray Andrés de Guadalupe. Costumbres jarotas únicas en la comarca como el uso de nuestra hierba de San Juan, Sedum ampexicaule, o la ausencia del yeyeo en el habla, tan frecuente en el resto de la comarca, parecen apuntar a ese origen diferenciado de los jarotes primigenios (o, al menos, de un grupo significativo) que, por ahora, de existir, se nos muestra oculto.
Prosigue don Juan Gregorio Nevado que, "al cambiar el nombre de Encina Enana escogieron uno que asume la identificación jurídica y al mismo tiempo el ámbito jurisdiccional: por un lado villa y por otro Córdoba. Seguro que fue un acto de inteligencia y valentía mezclado con audacia", porque, en puridad, no tenía la condición de villa, aunque pretendiera defender los intereses de sus habitantes, planteando un pleito ante la Chancillería de Granada en 1541-1545 contra Pedroche sobre el control y el aprovechamiento del término.
Algunos motivos para buscar la independencia de Pedroche aparecen explícitos en la documentación de la época, mientras que otros se nos muestran implícitos. Los jarotes de entonces argumentaban los perjuicios que les producía estar a tres leguas de la villa donde se impartía justicia, lo que hacía que muchos renunciasen a pleitear por los gastos e inconvenientes que acarreaba dejar sus labores y heredades: ello suponía desgobierno e injusticia. También debían sentirse perjudicados en el reparto de los bienes de gestión comunal, o en el repartimiento de impuestos a satisfacer. Podría ser, en realidad, que las élites locales buscaran el dominio directo de la población sin intromisión de otro concejo, algo que las beneficiaba a ellas e igualmente a la ciudad de Córdoba, que contaba con un nuevo centro de recaudación y aumentaba su poder como entidad jurisdiccional intermedia, reforzando su influencia en el gobierno central al ser una ciudad con voto en Cortes.
La oportunidad se produjo a finales del reinado de Carlos V. Las enormes necesidades de la corona en su lucha con protestantes alemanes, católicos franceses, sarracenos norteafricanos y turcos hicieron que obtuviera nuevos ingresos por la venta de jurisdicciones de lugares y aldeas dependientes de la monarquía.
El 18 abril 1553 se expedía el documento que concedía la exención jurisdiccional de Villanueva de Córdoba, otorgándole el título de villa. Sus 280 vecinos y moradores (entre mil y mil doscientas personas) pagaron por ello 700.000 maravedís, equivalentes a 2.000 escudos de oro. A razón de 3,38 gramos por escudo, entraron en las reales arcas 6,76 kilos de oro, por lo que la independencia habría equivalido a unos 200.000 euros de hoy.
Otro nombre con el que aparece nuestra localidad es el de Villanueva de la Jara, hasta en mapas o enciclopedias del siglo XVIII. No fue nunca su nombre oficial, pero al haber ya en la zona otra Villanueva, primero del Marqués y después del Duque, y estar en el corazón de la Dehesa de la Jara, fue llamada así, Villanueva de la Jara. Y jarotes sus habitantes.

3.1. Al principio, fueron el agua y los caminos.

El marco general en que nuestra localidad nace, crece y alcanza su mayoría de edad (siglos XV a mediados del XVI) fue favorable para el crecimiento de la población española en general. La cuestión es por qué Villanueva surgió donde hoy nos encontramos. La respuesta, que ya anticipó don Juan Ocaña Torrejón, está en los caminos, que constituyeron los ejes que articularon el inicio y desarrollo urbano.
El primero de estos caminos fue el que denominamos popularmente “del Armillat”, por transitar por el río Guadalmellato. Fue la principal vía de comunicación entre Córdoba y Toledo durante el califato omeya, en los siglos X y comienzos de XI. Discurría por la actual Villanueva por las calles Laguna del Pino, Sol, Nieve, Cruz de Piedra, Ventura, las Cañadas, Torrecampo, para continuar al norte en dirección al Puerto Mochuelo. Precisamente en la calle Ventura existía una inscripción árabe fechada en el año 1002, de carácter conmemorativo, aunque no sabemos exactamente sobre qué. Con la disolución del califato en el año 1031 el camino de Armillat se abandona.
Tras la toma de Córdoba en 1236 la red viaria entre el centro y el sur peninsular va variando y ampliándose. En el año 1273 se crea el Honrado Concejo de la Mesta, que se reglamenta en 1347, y aparecen las vías pecuarias para el tránsito del ganado trashumante, en muchas ocasiones empleando caminos antiguos y vías romanas.
Uno de estos caminos de carne, la Cañada Real Soriana llegaba a tierras cordobesas tras cruzar el Guadalmez, separándose de ella un ramal que, dejando a su derecha a Torrecampo continuaba hasta los parajes donde se halla Villanueva, y aquí se dividía en tres caminos: el llamado de Encina Enana a Adamuz; el camino del Rongil, que se dirigía a Obejo, y el tercero el camino del Armillat que se citaba anteriormente.
No se sabe cuándo surgió Encina Enana. El catalizador para que fuera aglutinándose población pudo ser una venta, como propone Ocaña Torrejón, pues sí tenemos constancia de que Conquista, Cardeña, Azuel y Venta del Charco son localidades que nacieron al albur de una venta en un camino.
Acaso colaboró otro factor: la abundancia de agua subterránea. Hay que recordar que Villanueva se encuentra inmediata a la divisoria de cuencas del Guadiana y Guadalquivir, por lo que no hay arroyos de entidad, y esos acuíferos son muy importantes para el ganado trashumante o de simples viajeros.
Según la tradición, la zona más antigua del pueblo es la comprendida por las calles Casas Blancas, Cañadas, Torrecampo y Castillejos, pero no hay ningún documento que avale, o no, esta hipótesis.
El camino del Armillat, ya convertido en vía pecuaria, pudo ser el primer eje urbano de Villanueva, aunque, como ya observara don Juan Ocaña Torrejón, con una ligera variante respecto a su trazado original: en la calle Sol, en su cruce con calle San Blas, comienza una larga cuesta que culmina en el Cerrillo de la Nieve. Para evitarla desde el callejón de los Mazacotes giraría a la izquierda, y por la calle Empedrada llegaría a la Fuente Vieja, que podría haber sido el primer foro urbano. Cerca de ella, en la esquina de las calles Cerro y Conquista (frente al teatro) estuvo la cárcel vieja, acaso construida cuando en 1499 se dieron las primeras autoridades. El final de la calle Cerro enlazaría con el trazado del antiguo camino califal.
Junto al camino se encuentran numerosos pozos públicos: la Fuente de la Estrella, la Fuente Vieja, el de la Cruz de Piedra, Cañada y Fuente del Sordo.
Durante los siglos XII al XIV la presión cristiana sobre la zona del noreste de Córdoba hizo que los caminos que iban desde el Guadalquivir hasta el centro peninsular fueran desplazándose al oeste, por Pedroche y Belalcázar; pero esta no es la dirección natural, pues Toledo queda al noreste de Córdoba. Una vez que la situación bélica se había calmado, y la frontera estaba al sur de la provincia, el concejo cordobés solicitó del rey en 1394 que se le otorgaran beneficios fiscales a una docena de ventas para reactivar el tráfico comercial y de viajeros por dos caminos que tenían un trayecto más corto y cómodo para viajar desde Córdoba a Toledo.
Uno de ellos, llamado del Villar, iba desde Córdoba por la cuesta de Santo Domingo hasta Obejo, donde enlazaba con el que se dirigía hacia Villanueva que se nombraba arriba.
El otro cruzaba la sierra para llegar a Adamuz, prosiguiendo hasta el norte. Fue el que se pobló de las ventas franquiciadas que a todos nos suenan, como Venta Orán, Venta los Locos, Venta Velasco o Ventas Nuevas. Este camino de Toledo a Córdoba por Conquista y Adamuz, el Camino Real de la Plata, se convirtió en la vía más importante de comunicación entre el centro y sur peninsular (hasta que Carlos III desplazó el camino por Despeñaperros). Al llegar a las inmediaciones de la estación del AVE el viajero podía ir desde el Camino de la Plata hasta Villanueva por la vía pecuaria de ésta a Montoro.
Al entrar en la actual población el camino discurría por las calles Adamuz, Córdoba, San Sebastián, Real, Plaza de España. Desde aquí el viajero podía ir hasta Pedroche por la calle Herradores, o enlazar de nuevo con el Camino de la Plata por las calles Mártires, Conquista, Cruz de Piedra y Navaluenga.
Este tramo de camino se convertiría en el nuevo eje urbano de Villanueva. Una amplia explanada, la plaza, donde el agua subterránea es abundante, fue el núcleo de la vida social jarota. Se levantó la iglesia principal, la de San Miguel, aunque en el mismo camino también se construyeran dos ermitas en el siglo XVI, la de Jesús y la de San Sebastián. Quizá como consecuencia de la nueva categoría de Villa a partir de 1553, se levanta un edificio para el Concejo municipal, la audiencia. También se construye en el mismo sitio un pósito, para almacenar las cosechas de cereales, el actual ayuntamiento. Como en todas las poblaciones de entonces, junto a la iglesia principal se hizo el cementerio, que se mantuvo allí, como decíamos, hasta 1813.
El otro camino que buscaba potenciar el cabildo cordobés, el del Villar-Obejo-Villanueva, también influyó en la configuración del callejero: entraba en el pueblo por el Calvario, prosiguiendo por la calle Moreno de Pedrajas. Al llegar a la Cruz Chiquita se bifurcaba, pudiendo ir por la izquierda, calle del Torno o de Ramón y Cajal, hasta la Plaza, y enlazar hacia Pedroche o Conquista. Por la derecha proseguía por las calles Atahona, Cervantes, Empedrada para llegar a la antigua Fuente Vieja.

Y tras este paseo por nuestra historia y nuestras calles, debemos recordar el sabio consejo de nuestros mayores: “En tiempo de melones, pocos sermones; y en época de sandías, menos todavía”.
Pero como pregonero vuestro que soy, os debo exigir que nos regocijemos con la feria, y esa exigencia, os la voy a pedir. (Bueno, a los adolescentes no hace falta, sus hormonas ya se encargan de eso.)
Que salgan los matrimonios a complacerse de la buena compañía de familia y amigos, y a deleitarse con las ricas tapas que hay por la calle la Feria, la Ronda del Calvario o la Calle Ancha.
Vosotros, quienes ya estáis en la edad del júbilo, porque con vuestro trabajo, tesón e ilusión construisteis nuestra realidad, vosotros, que sabéis que en vuestra mocedad sólo estaba la feria para olvidar la rutina anual, invadid la caseta municipal y las muchas que se levantan para la ocasión. Y recogeos más tarde que los zorollos.
Abuelos en buen uso y tíos agregados, coged a vuestros nietos y sobrinos porque la mejor manera de disfrutar de la feria es con un niño de la mano.
Los latinos decían: Carpe diem, aprovecha el momento, no lo malgastes. Jarotes, seamos sensatos, y disfrutemos de nuestra feria.
Gracias.